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TESTIMONIOS DE SANACIÓN

Tuve un accidente de tránsito, me atropelló un vehículo, fui a dar al hospital del trabajador donde operaron me pusieron fierros en la pierna (rodilla) para que tuviera movilidad, estuve asistiendo a recuperación por más de un mes pero era imposible que pudiera levantar mi rodilla y los dolores eran insoportables cada vez que iba a las terapias de rehabilitación en el hospital. Por medio de mi psicóloga conocí a Eduardo ya que ella me lo recomendó, yo era muy incrédula y me demoré en pedirle una hora hasta que ya no aguanté más los dolores que sentía. Cuando me atendió fue una experiencia maravillosa que nunca había experimentado, durante la sesión sentí y viví cosas fantásticas, en un momento pude poner mi pierna en una posición que no podía y cuando finalizó la sesión levanté mi rodilla increíblemente y sin dolor hasta unos 45 grados. Estaba muy impresionada casi sin habla pero muy feliz, agendamos otra sesión y fue fantástico, continué levantando aún más mi rodilla en cada sesión y ya comenzaba a realizar mi vida con normalidad sin dolor dejando de lado el bastón. Muchas gracias a Eduardo por esta maravillosa experiencia.
Rosa M.

 

Tenía un dolor en mis brazos tan invalidante que no podía ni siquiera abrocharme el sostén, tampoco ir a la ducha pues el chorro de agua que caía en mis brazos me producía mucho dolor. Los médicos me recetaron distintas pastillas y tratamientos a través de luces, etc., sin resultados positivos hasta que el médico me dijo que la única solución que había era operar pero que tenía un riesgo que Yo debía asumir. Era tanto mi dolor que estuve dispuesta a operarme y le conté a mi hermana y me dijo que por ningún motivo que fuera a Santiago porque conocía a Eduardo quien realizaba terapias de energía. Mi hermana lo llamó y agendó mi hora, durante la sesión no percibí mucho. Cuando terminó me pregunto como me sentía y que tratara de mover los brazos pero yo le decía que no podía porque me dolía pero el insistió y que lo hiciera lentamente hasta donde pudiera, los empecé a mover lentamente y con miedo y fue maravilloso, pude mover ambos brazos sin ningún dolor, me tomaba los brazos y tampoco sentía dolor era increíble me puse a llorar de la emoción y agradecí a Dios por lo que había vivido.
Leonor